Los sueños, ¿sueños son?

Esta mañana me he despertado, hacia frío, estaba nublado, y en el ambiente se palpaba una sensación extraña.

Me he vestido y he desayunado para ir al instituto. Actualmente curso segundo de bachiller, y me estoy preparando para el selectivo para poder realizar la carrera universitaria que siempre soñé; periodismo. Todavía me cuesta asumir que estoy tan cerca de ello, después de tantos años de preparación para poder hacerlo. Pertenezco a una familia humilde, pero gracias a las becas y a mis codos, podré permitirme el seguir formándome.

Cuando he salido a la calle, he notado esa sensación extraña otra vez, pero ahora más acentuada. En mi camino hacia el instituto no paro de ver gente, mucha gente caminando cabizbajos, sin alegría alguna, como sin un rumbo fijo… Vaya ¡parecen zombies!.

Cuando he llegado al instituto, lo he encontrado cerrado, pero cerrado no como en un día festivo, si no completamente cerrado.

Las puertas se encuentran encadenadas, algunos de sus cristales están rotos, como si alguien hubiese lanzado piedras. Aquellas ventanas que no están rotas, se encuentran repletas de diferente pancartas, que no se pueden leer muy bien, debido a lo amarillentas y envejecidas que se encuentran, pero a pesar de eso se puede descifrar que debían comunicar mensajes de protesta. En la entrada al instituto, medio envuelta en telarañas, se encontraba la más grande de todas, decía: “CENTRO EDUCATIVO CERRADO PERMANENTEMENTE POR FALTA DE PRESUPUESTO”.

No entiendo nada, ¡ayer acudí a este mismo instituto!, ahora parece que en vez de una sola noche, hallan transcurrido unos diez años…

En estos momentos me encuentro desorientada. En un intento de ubicarme, me giro, pero sigo viendo esa marea de gente como la que he descrito anteriormente. Entre ellos, me parece conocer a mi primo, que va entre los zombies, intentando adelantarlos, y girando una y otra vez la cabeza hacia atrás. Me parece que huye de alguien. Le llamo, pero no me escucha. Al ver su reacción he decidido correr tras él. Al alcanzarlo, lo he encontrado extremadamente nerviosos, y no paraba de repetir: “los buitres me persiguen”. He conseguido tranquilizarle llevándole a casa, y allí, entre sollozos me ha relatado su historia.

Me contaba que hace unos cuantos años, unas personas muy agradables le ofrecieron la oportunidad de hacer realidad sus sueños, como tener una casa, un coche, hacer los viajes de su vida… y que luego podría devolverlo en muy ”cómodos” plazos, ahora eran una carga importante.

De repente un día se quedó sin empleo, que parecía ser también el problema de aquellos zombies que había visto antes, y aquellas personas tan agradables que le habían permitido a mi primo vivir por encima de la realidad y de sus posibilidades durante tanto tiempo, comenzaron a transformarse, hasta convertirse en grandes buitres.

Consiguieron quitarle todos sus bienes, y no contentos con ello, continuaron acosándolo constantemente. Le seguían exigiendo más y más dinero, cosa que lógicamente, mi primo, en la situación que se encontraba no podía hacer.

Se había sumido en una gran depresión, había perdido a su mujer, a sus hijos, y su confianza; y seguramente ya no volvería a recuperar la alegría.

Estaba terminando de contarme su problema, cuando hemos escuchado un fuerte golpe en la cocina.

En un reflejo me he levantado y he salido corriendo hacia allá, para descubrir a mi madre tirada en el suelo e inconsciente.

Le hemos llevado lo más rápido que hemos podido al hospital, pero al llegar, mi sorpresa ha sido monumental, esto no podía estar ocurriendo, debía de ser un sueño, o mejor una pesadilla ¡El hospital estaba cerrado!.

Al igual que el instituto, también estaba lleno de pancartas, y la más grande también decía “CENTRO SANITARIO CERRADO PERMANENTEMENTE POR FALTA DE PRESUPUESTO”.

Y ahora ¿qué podemos hacer? Me encuentro ofuscada y nerviosa. Sólo tengo ganas de gritar, gritar muy fuerte.

Mi madre empieza a recuperar la consciencia, poco a poco se va encontrando mejor. Menos mal, parece que tan solo ha sido una bajada de tensión. Llevo a mi madre a casa, y sumergida en mis tribulaciones empiezo a tener claro mi plan de ruta. Todas estas cosas, tienen un responsable, me voy a ver a mis dirigentes políticos.

En recepción no hay nadie, subo las escaleras a toda prisa. En el primer piso, se oye un murmullo proveniente de una de las salas. Con gran decisión y enfado, abro la puerta.

No sé muy bien ni cómo empezar a describir todo lo que se abre ante mis ojos en este momento. Si todo lo que ha sucedido hoy era sorprendente, esto claramente se lleva la palma.

En una sala grande, del techo cuelgan grandes lámparas de araña, y hay repartidos grandes sillones de piel, y en una gran mesa se encuentran concentrado todos los manjares de la Tierra.

Y con todo lo que he visto durante este intenso día antes de llegar aquí, ¿aún albergaba esperanza alguna de encontrar aquí personas?, CERDOS, hay un MONTÓN  de cerdos, trajeados, con relojes de oro y brillantes y grandes puros humeantes. No se han dado cuenta ni de mi presencia, se encuentran demasiado ocupados rascándose las espaldas los unos a los otros, indiferentemente de su color.

 

En uno de los rincones de la sala hay unas mesas, en las cuales alrededor hay sentados unos cuantos de estos cerdos junto a unas grandes ratas, jugándose en una especie de “monopoly” el poco patrimonio que nos quedaba ya al pueblo, bajo la atenta mirada, claro está, de unos buitres acostados a su lado.

No sé bien cuál ha sido el sistema que nos ha conducido a este declive, pero si algo es obvio es que algo no ha funcionado.

No me puedo quedar con los brazos cruzados, abandono la sala sin decir palabra, y me dirijo a la calle. Mi propósito es despertar a todos estos zombies deprimidos y perdidos, y explicarles todo lo que he visto y vivido hoy.

Todos unidos podremos derrocar este sistema, y acabar con toda esta locura.

En mi cabeza todo son Bocetos, pero en uno de ellos hay algunas cosas muy claras, en nuestra nueva oportunidad se castigará con contundencia  la avaricia, la corrupción y el robo, y se premiará y valorará el trabajo y la honestidad.

Estoy muy cansada, voy  a apoyarme a un portal un momentito a descansar…

Me cabreo porque oigo un sonido molesto y estridente, abro los ojos, y … ¿qué? ¿dónde estoy? ¿estoy en casa? ¡todo ha sido un sueño! ¡qué bien, tan solo ha sido una pesadilla!

Ese sonido molesto y estridente era el timbre, mis amigos habían venido a buscarme como cada mañana para ir a clase.

Hace un día maravilloso, un Sol radiante, el cielo no cuenta ni con una sola nube, las calles huelen a azahar, los padres llevan a su hijos entre sonrisas y bromas al colegio, para después  marcharse a trabajar.

Todo es perfecto, demasiado perfecto… tan perfecto, que me sobrecoge un pensamiento, ¿y si en realidad, es este el sueño?.

Y un escalofrío recorre todo mi cuerpo….

 FIN

Lucía Camporro Marzal

3º E.S.O. I.E.S. Tavernes  Blanques

Premio Narrativa  EQUINOCCI en castellano Segundo Ciclo de Educación Secundaria Obligatoria, 2012.

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